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Por quién doblan las campanas



Washington, 25 de julio de 2013

Después se unieron de tal modo que, mientras la manecilla del reloj se movía sin que reparasen en ella, los dos supieron que nada podría ocurrirle al uno si no le sucedía también al otro; que no podría ocurrirles nada más que aquello, que eso era todo y siempre, que era todo lo que había habido y lo que habría. Estaban disfrutando del ahora, el antes y el siempre, y ahora, ahora y ahora. Ahora, ahora, ahora, el único ahora, y por encima de todo ahora, y no hay otro ahora más que ahora y ahora es tu profeta. Ahora y por siempre ahora. Ven ahora, ahora, porque no hay nada más que este ahora, y dónde estás y dónde estoy y dónde está el otro, y no por qué, ni siquiera por qué, sólo este ahora, y ahora y siempre ahora, siempre ahora, porque ahora siempre es ahora; uno solo uno, no es más que uno, alzándose, navegando, partiendo, dando vueltas, remontándose, alejándose, hasta el final ahora, hasta el final, uno y uno es uno, es uno, es uno, sigue siendo uno, es uno que desciende, es uno suave, es uno anhelante, es uno amable, es uno feliz (...).

Ernest Hemingway

Taganga (Colombia) /Nov 2012

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No estás deprimido, estás distraído


No estás deprimido, estás distraído

Washington, 21 de febrero de 2013

No estás deprimido, estás distraído. Distraído de la vida que te puebla, distraído de la vida que te rodea: delfines, bosques, mares, montañas, ríos. No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano, cuando en el mundo hay 5.600 millones. Además, no es tan malo vivir solo. Yo la paso bien, decidiendo a cada instante lo que quiero hacer y gracias a la soledad me conozco... algo fundamental para vivir. No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque tiene 70 años, olvidando que Moisés dirigía el éxodo a los 80 y Rubinstein interpretaba como nadie a Chopin a los 90, sólo por citar dos casos conocidos. No estás deprimido, estás distraído. Por eso crees que perdiste algo, lo que es imposible, porque todo te fue dado. No hiciste ni un solo pelo de tu cabeza, por lo tanto no puedes ser dueño de nada. Además, la vida no te quita cosas: te libera de cosas... Te aliviana para que vueles más alto, para que alcances la plenitud. De la cuna a la tumba es una escuela; por eso, lo que llamas problemas, son lecciones. No perdiste a nadie: el que murió, simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además, lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón. 

Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Miguel Ángel, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuela y mi madre, que creía que la pobreza está más cerca del amor, porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas y nos aleja, porque nos hace desconfiados. 

Haz sólo lo que amas y serás feliz. El que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será y llegará naturalmente. No hagas nada por obligación ni por compromiso, sino por amor.

Facundo Cabral



Un distraído. Oaxaca, México Feb 2013

Señora de rojo sobre fondo gris


Señora de rojo sobre fondo gris

Washington, 10 de febrero de 2012

Ninguno de los dos era sincero pero lo fingíamos y ambos aceptábamos, de antemano, la situación. Pero las más de las veces, callábamos. Nos bastaba con mirarnos y sabernos. Nada nos importaban los silencios. Estábamos juntos y era suficiente. Cuando ella se fue todavía lo vi más claro: aquellas sobremesas sin palabras, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida eran sencillamente la felicidad. Yo buscaba en la cabeza temas de conversación que pudieran interesarla, pero me sucedía lo mismo que ante el lienzo en blanco: no se me ocurría nada. A mayor empeño, mayor ofuscación. Se lo expliqué una mañana que, como de costumbre, caminábamos cogidos de la mano: ¿Qué vamos a decirnos? Me siento feliz así, respondió ella. 

Miguel Delibes

Tardes en rojo/ Washington DC Sep 2012

Demian


Demian

Washington, 11 de diciembre de 2012

Y me contó la historia de un muchacho enamorado de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendía sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigía todos sus pensamientos. Pero sabía o creía saber, que una estrella no podría ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habría de purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando la estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dió unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la playa destrozado. No había sabido amar. Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de creer firmemente en la realización de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su estrella. 

Herman Hesse

Machu Picchu (Perú) Sep 2010

La jaula blanca de Túnez


La jaula blanca de Túnez

Washington, 16 de octubre de 2012

Los pensamientos humanos son como cuartos. Entre ellos hay salas lujosas y cuartuchos saturados. Los hay soleados y sombríos. Algunos dan al río y al cielo, otros al traspatio o al sótano. Las palabras en ellos semejan cosas y pueden ser cambiadas de un cuarto a otro. Los pensamientos dentro de nosotros en realidad, esas habitaciones en nuestro interior, agrupadas en palacios o cuarteles, pueden ser moradas de otros donde uno resulta ser sólo un inquilino. A veces, sobre todo de noche, encontramos que las salidas de esos aposentos están cerradas con llave y no podemos abandonarlos. Estamos cerrados como en un calabozo hasta que nuestros sueños nos liberan y nos dejan salir. Pero los sueños son como los invitados de una boda, hay que esperarlos. Mientras tanto, reina el insomnio. Dicen que existen dos insomnios, como dos hermanas. El de antes de dormirse y el otro, después de despertar en plena noche. El primero es madre de la mentira, el otro es madre de la verdad.

Milorad Pavic

Celda de Al Capone, Prisión de Filadelfia (EEUU), oct 2012

El amor en los tiempos del cólera


El amor en los tiempos del cólera

Washington, 25 de septiembre de 2012

Se detenía a mitad de cualquier cosa que estuviera haciendo y se daba una palmadita en la frente, porque de pronto se acordaba de algo que olvidó decirle. A cada instante le venían a la mente las tantas preguntas cotidianas que sólo él le podía contestar. Alguna vez él le había dicho algo que ella no podía concebir: los amputados sienten dolores, calambres, cosquillas, en la pierna que ya no tienen. Así se sentía ella sin él, sintiéndolo estar donde ya no estaba.

Gabriel García Márquez

Arrecifes-Tayrona (Colombia) Sep 2010

El túnel


El túnel

Washington, 4 de septiembre de 2012


A veces volvía a ser piedra negra y entonces yo no sabía qué pasaba del otro lado, qué era de ella en esos intervalos anónimos, qué extraños sucesos acontecían; y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otro y que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles; y quizá se había acercado por curiosidad a una de mis extrañas ventanas y había entrevisto el espectáculo de mi insalvable soledad.


Ernesto Sábato

Baltimore Sep 2012

Don Quijote


Don Quijote

Washington, 21 de agosto de 2012

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que estén. 

Miguel de Cervantes


Siendo Sancho/ Tayrona (Colombia) Sep 2010 by cmm

La Noche II


La Noche II

Washington, 17 de julio de 2012


Arránqueme, señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme.

Eduardo Galeano


Madrid, Nov 2009

El arte de amar


El arte de amar

Washington, 14 de julio de 2012


En contraposición a la unión simbiótica, el amor maduro es ser-uno bajo la condición de conservar la propia integridad e independencia y, por ello, también la propia individualidad. El amor del hombre es una fuerza activa que derriba los muros por los que el hombre está separado de sus prójimos, y que los une con los otros. El amor le permite superar el sentimiento de aislamiento y separación, pero le permite también permanecer fiel a sí mismo y conservar su integridad, su ser-así. En el amor se da la paradoja de que dos seres llegan a ser uno y, sin embargo, siguen siendo dos... El amor es una actividad, y no un afecto pasivo. Se puede describir, de una forma muy general, con la afirmación de que el amor es, sobre todo, un dar y no un recibir.

Erich Fromm



Amor, magia y circo, Bogotá Oct 2010

Consideraciones acerca del pecado


Consideraciones acerca del pecado

Washington, 13 de julio de 2012

El camino verdadero pasa por una cuerda, que no está extendida en alto, sino sobre el suelo. Parece preparada más para hacer tropezar, que para que se siga su rumbo. 

Todos los errores humanos son fruto de la impaciencia. Interrupción prematura de un proceso ordenado, obstáculo artificial levantado al derredor de una realidad artificial. A partir de cierto punto no hay retorno. Este es el punto que hay que alcanzar. El poseer no existe, existe solamente el ser: ese ser que aspira hasta el último aliento, hasta la asfixia. En un tiempo no podía comprender por qué no recibía respuesta a mi pregunta, hoy no puedo comprender cómo pude estar engañado hasta el extremo de preguntar. Pero no es que me engañase, preguntaba solamente. 

Sólo temblor y palpitación fue su respuesta a la afirmación de que tal vez poseía pero no era.

Franz Kafka

Lago Titicaca (Perú)  Sep 2010


El corazón helado


El corazón helado

Washington, 3 de julio de 2012

Pero no poníamos la tele, no encendíamos el microondas, no hacíamos palomitas, nos íbamos a la cama igual, a follar, y follábamos, porque la Tierra daba vueltas alrededor de sí misma y de las caderas de Raquel, porque el todo era tan grande, tan poderoso, que ni siquiera se tomaba la molestia de compararse con la suma de sus partes, porque un tiempo blando, gelatinoso, suspendía las leyes físicas en la cama donde nos amábamos y porque yo amaba a esa mujer, la amaba tanto que después, cuando la tenía tranquila y callada, a mi lado, comprendía con una exactitud cegadora, casi dolorosa, la medida de mi suerte.


La alegría no tiene precio. No existe trabajo, ni esfuerzo, ni culpa, ni problemas, ni pleitos, ni siquiera errores que no merezca la pena afrontar cuando la meta, al fin, es alegría. Yo lo sabía, porque había conocido demasiado bien el color gris en los tiempos de mi pobreza, todos esos años que viví creyendo que mi vida era vida, y que era mía. Por eso, cuando Raquel se incorporaba, y me miraba, y yo distinguía en sus ojos una luz igual pero distinta, como un atisbo temeroso de la melancolía, me daba cuenta de que aquel énfasis terminal y repentino inauguraba la cuenta atrás, pero estaba muy seguro de lo que tenía que hacer, y de que iba a hacerlo.


Almudena Grandes


Bogotá, feb 2010

Tokio ya no nos quiere


Tokio ya no nos quiere

Washington, 23 de junio de 2012

Hay una mujer en la playa, sentada a mi lado, que quiere olvidar a un hombre, a un hombre que ya ha perdido, y no entiende qué puede haber de malo en olvidar lo que al fin y al cabo ya no se tiene. La mujer, al parecer, no había olvidado nunca antes y los que nunca han olvidado no pueden disimular el temor a que haya algo diabólico en nuestras erosiones químicas de memoria, por más que sea evidente, y así se lo digo, que es el recuerdo, no el olvido, el verdadero invento del demonio. (...)

- ¿Sabes lo que más me asusta? - No debe saberlo porque no dice nada. - Tu miedo. Y el entusiasmo detrás de tu miedo.
- Es curioso porque a mí es tu falta de miedo lo que más me asusta.
- Tengo tanto miedo como el que más miedo tiene. Aunque supongo que es un miedo distinto.
- No hay un miedo distinto. Siempre es el mismo miedo.
- No exactamente.
- ¿No exactamente?
- No exactamente. Tu miedo empieza cuando despegan los aviones y el mío cuando los aviones aterrizan.

Ray Loriga

Aterrizando en Colombia Sep 2010 by cmm

La misión del escritor


La misión del escritor

Washington, 20 de junio de 2012

Jamás he podido renunciar a la luz, a la felicidad de existir, a la vida libre en que he crecido. Pero aunque esta nostalgia explique muchos de mis errores y de mis faltas, me ha ayudado sin duda a comprender mejor mi oficio, me sigue ayudando a mantenerme, ciegamente, junto a todos esos hombres silenciosos que no soportan la vida que les hace el mundo, más que por el recuerdo o el refugio en el remanso de breves y libres felicidades.

Albert Camus


Quibdó (Chocó/Colombia) Mar 2010

Felicidad clandestina


Felicidad clandestina

Washington, 19 de junio de 2012

¿Cómo contar lo que siguió? Yo estaba atontada y fue así como recibí el libro en la mano. Creo que no dije nada. Cogí el libro. No, no partí saltando como siempre. Me fui caminando muy despacio. Sé que sostenía el grueso libro con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Poco importa también cuánto tardé en llegar a casa. Tenía el pecho caliente, el corazón pensativo. Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina. Era como si yo lo presintiera. ¡Cuánto me demoré! Vivía en el aire... había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada. A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. 

Clarice Lispector

Eastern Market, DC  Sep 2011

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Escribo casi por necesidad aunque muchas veces nada de lo que escribo tiene sentido. Este Camino hacia Macondo es mi particular sendero hacia ninguna parte. Hacia mi lugar.
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